Por Carlos Rivas
Introducción
Vivimos en una generación donde el conocimiento bíblico es abundante.
Tenemos acceso a Biblias, libros, seminarios, predicaciones, videos y enseñanzas de todo tipo.
Nunca antes en la historia de la iglesia se había tenido tanto acceso al conocimiento de la Palabra.
Sin embargo, existe una paradoja espiritual:
muchos conocen las Escrituras, pero pocos han experimentado la revelación del Reino de Dios.
El conocimiento informa la mente,
pero la revelación transforma el espíritu.
Por eso el apóstol Pablo oraba de esta manera por la iglesia:
“Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.”
(Efesios 1:17, RVR1960)
Pablo entendía algo profundo:
no basta con saber acerca de Dios, es necesario recibir revelación de Dios.
El conocimiento se puede aprender, la revelación se recibe
El conocimiento puede adquirirse mediante estudio, lectura y disciplina intelectual.
La revelación, en cambio, es un acto sobrenatural de Dios.
Es cuando el Espíritu Santo quita el velo que impide comprender la verdad espiritual.
Dice la Escritura:
“Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras.”
(Lucas 24:45, RVR1960)
Observe algo poderoso:
los discípulos ya conocían las Escrituras, pero aún no las entendían plenamente.
Fue necesario que Jesús abriera su entendimiento.
Eso es revelación.
Es cuando algo que siempre estuvo en la Biblia de repente se vuelve vivo dentro del espíritu.
El velo que impide ver
El mayor obstáculo para la revelación no es la falta de información.
Es el velo espiritual que cubre el entendimiento del hombre.
Pablo explica esta realidad espiritual diciendo:
“Pero hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones.”
(2 Corintios 3:15, RVR1960)
Esto significa que alguien puede leer la Biblia durante años y aun así no ver lo que Dios quiere mostrar.
No porque la verdad no esté allí,
sino porque el corazón aún no ha sido iluminado por el Espíritu.
Por eso la revelación no es solo intelectual.
Es espiritual.
Dios revela sus secretos a los que le buscan
La revelación siempre ha sido parte del trato de Dios con sus hijos.
Dios no es un Dios que esconde su verdad para siempre;
Él revela sus misterios a quienes le buscan con sinceridad.
Dice la Escritura:
“Porque nada hay oculto que no haya de ser manifestado, ni escondido que no haya de salir a luz.”
(Marcos 4:22, RVR1960)
Y en el Antiguo Testamento encontramos esta poderosa declaración:
“Porque el Señor DIOS no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos los profetas.”
(Amós 3:7, LBLA)
Esto nos enseña algo profundo:
Dios desea revelar su corazón.
Pero la revelación es para aquellos que desarrollan hambre espiritual.
El peligro del conocimiento sin revelación
El conocimiento sin revelación puede producir orgullo espiritual.
La persona cree saber mucho, pero su vida no ha sido transformada.
Por eso Pablo advirtió:
“El conocimiento envanece, pero el amor edifica.”
(1 Corintios 8:1, RVR1960)
Cuando el conocimiento no es acompañado por revelación y humildad, se convierte en información que no transforma.
Pero cuando el Espíritu Santo revela la verdad, algo sucede dentro del corazón.
La Palabra deja de ser teoría y se convierte en vida.
La revelación produce transformación
La verdadera revelación siempre produce cambio.
Cuando Dios revela algo al corazón del hombre:
-
la mente se ilumina
-
el espíritu se despierta
-
la vida comienza a transformarse
Dice la Escritura:
“La exposición de tus palabras imparte luz;
da entendimiento a los sencillos.”
(Salmos 119:130, LBLA)
La revelación trae luz.
Y cuando la luz llega, la oscuridad no puede permanecer.
Conclusión
La iglesia no necesita más información solamente.
Necesita revelación.
Necesita hombres y mujeres que no solo conozcan versículos, sino que caminen en la luz de la verdad revelada por el Espíritu Santo.
Porque cuando el conocimiento se convierte en revelación, la fe se fortalece, la mente se renueva y el Reino de Dios comienza a manifestarse en la vida del creyente.
Que nuestra oración sea la misma que Pablo levantó por la iglesia:
“Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo… os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.”
(Efesios 1:17, RVR1960)
Porque cuando Dios revela su verdad, todo cambia.
Carlos G. Rivas
La Voz del Reino
Revelando el gobierno de Dios al corazón del hombre.

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